La karishina. Revista de Mujer y Políticas Sociales de la FeSP. Número 3

30 enero 2017

 

La Marcha de las mujeres

Luz Martínez Ten
Secretaria de Mujer y Políticas Sociales FeSP-UGT


Escuché los gritos de mis hermanas cuando subía las escaleras de casa. Tenía catorce años y ellas ya iban a la Universidad donde comenzaron a luchar por los derechos de las mujeres. Eran los años finales del franquismo y a pesar de que en los países occidentales, la igualdad iba incorporándose a la agenda política, en nuestro país continuamos siendo menores de edad. Las mujeres éramos inferiores por decreto legal. El feminismo era algo completamente desconocido para mí, hasta aquel día en que mi madre atasco wáter con los panfletos que mis hermanas, con sus compañeras en clandestinidad, habían preparado para tirar en una quedada en el centro de Madrid. En las octavillas se podía leer: Nosotras parimos, nosotras decidimos. Mismo trabajo, mismo salario. No somos esclavas. Manolito la cena tu solito. Y muchas otras reivindicaciones que hoy siguen estando vigentes. A pesar de los ruegos de mi madre que ya nos veía a todos en los calabozos de sol, sacaron las octavillas mojadas y las colgaron con pinzas esperando que la tinta de la vieja vietnamita no desapareciera del todo.

Aquella tarde fui por primera vez a una manifestación y corrí como alma que lleva el diablo, perseguida por unos señores vestidos de gris.

Llegó la democracia y en 1983 se crea el Instituto de las Mujer. Ya estábamos en el plano de las políticas de igualdad mundial. Doce años después, en 1995, se celebró en Beiging, la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, cuyo objetivo fue analizar y discutir ampliamente la situación de las mujeres en el mundo y determinar las acciones prioritarias. Miles de mujeres procedentes de todos los rincones del mundo pactaron por consenso, una Plataforma de Acción, que recoge una serie de medidas cuya meta es la igualdad, el desarrollo y la paz. Se declara que “la igualdad entre hombres y mujeres es una cuestión de derechos humanos y constituye una condición para el logro de la justicia social”.

En el año 2.000 organizaciones de mujeres de más de 150 países se coordinan para protestar contra la pobreza y la violencia contra las mujeres en el mundo. Y en el año 2010 se creó la oficina de ONU Mujeres, cuya delegación en España se cerró en el año 2012 por falta de financiación.

Desde Beiging no ha vuelto a celebrar una conferencia mundial de las mujeres, pero esto no significa que no nos hayamos organizado y que no hemos de tomar las calles. Las marchas de las mujeres por la paz, contra la violencia de género, contra la trata, por la libertad, por el derecho a decidir, por una sociedad más justa…han sido una constante del siglo XX y de la primera parte del siglo XXI. La última de las grandes protestas se ha producido en Washington, con la Marcha de las Mujeres, que desfiló alzando la voz contra las ideas misóginas, racistas, homófobas de Donald Trump, en su primer día de presidencia.

El próximo 8 de marzo, desde Argentina, el colectivo “Ni una menos” convoca un paro mundial contra la violencia machista. Este día, saldremos una vez más a recorrer las ciudades, para recordar que aún no hemos logrado la igualdad y que en muchos lugares del mundo se está retrocediendo en lo conseguido.

Aquel día, corriendo delante de los hombres de gris, no tuve conciencia de que la carrera solo acababa de empezar.