Desde FETE-UGT llevamos años, muchos años, pidiendo y exigiendo un pacto en y por la Educación. En realidad lo necesario no es uno, sino dos: el político y el social. Y, es irónico, desde todos los ámbitos, ya mediáticos, económicos, sociales, académicos, educativos, sindicales... se dice una y mil veces que es hora de llegar a esos pactos, pero determinadas fuerzas sólo contribuyen a su posibilidad de palabra, pues de hecho las chinas y las chinchetas que colocan en el camino hacen inviable su plasmación en los consiguientes consensos y acuerdos.
Lo primero y prioritario es un pacto político. Un pacto entre todos los partidos que conforman el arco parlamentario, pero, sobre todo entre el PP y el PSOE que son los llamados a gobernar en un futuro próximo, ya en solitario, ya en coalición con otros partidos. Pues bien, ese pacto ya lo intentó y con gran esfuerzo en los años anteriores a la promulgación de la LOE el equipo ministerial del PSOE bajo la batuta del secretario de Estado Alejandro Tiana. El Sr. Tiana fue cediendo y cediendo al PP en la redacción de la LOE hasta incluir en ella el 80% de los contenidos de la LOCE de 2002. En la LOE, hay que decirlo y recordarlo, está un porcentaje elevadísimo de la ley de educación del PP, la LOCE. Quedó fuera, como es normal, el aspecto ideológico nacionalcatólico que le había impreso Aznar. Pero, en el estructural, de sistema educativo, de las enseñanzas especiales, de la Formación Profesional, de los diversos cuerpos docentes, es casi lo mismo que la LOCE. Sólo pequeños contenidos, como los itinerarios de 4º de ESO y la reválida de bachillerato, quedaron fuera, y, eso, casi seguro que el equipo ministerial no lo introdujo al constatar de modo claro que por más que cedieran, el PP nunca iba a firmar.
Con esa realidad, llevando la LOE en sus entrañas una mayoría absoluta de la LOCE, con la experiencia acumulada de que al PP no le interesa pactar y con la situación actual de crisis económica y de vuelta a los tiempos y formas broncas de la anterior legislatura, acechan fuertes tormentas sobre el pacto. Todos los políticos, incluídos los del PP hablan y hablan de la necesidad de llegar a un acuerdo que evite nuevas leyes educativas en el futuro inmediato. Hablan y hablan, afirman que la educación y la formación son un elemento básico en una sociedad del siglo XXI y también para una salida no artificial y coyuntural de la crisis, pero su partidismo, en el caso del PP, le lleva a no interesarle el consenso en la práctica, y a introducir aspectos ideológicos en la discusión, en vez de aspectos organizativos, económicos y estructurales que son los que necesitan los niños y adolescentes para evitar el fracaso y, sobre todo, el abandono escolar y la falta de titulaciones en ESO y en las enseñanzas postobligatorias, problemas que gravitan y pesan sobre nuestra educación. Volvemos a consumir horas, esfuerzo y posibilidades en temas como lengua común vehicular, Religión, Educación para la Ciudadanía, libertad de los padres en la elección y en la formación moral y religiosa de sus hijos, en el ideario propio de los centros concertados, y no en la etapa 0-3, la estructura y los apoyos en Primaria, el fracaso en la ESO y sus soluciones, incluida la bajada de ratios, en los PCPI y sus enlaces, en el Bachillerato, su duración y flexibilidad, la incentivación social de la FP, la convivencia escolar, la atención personalizada, la diversidad metodológica, competencias básicas y profesionales... Al PP, con el Gobierno central a su alcance, no le interesa el pacto. Y la afirmación no es fruto del pesimismo, sino de la historia y el realismo. No es un juicio de valor, sino un hecho.
¿Y qué decir del Pacto social? Este, el social, ya se consiguió de algún modo y con bastantes de las fuerzas sociales, sindicales, asociaciones de padres... Pero aquí hay dos grandes dificultades para alcanzarlo. Una, la cúpula episcopal que sólo quiere lo que quiere, y de modo absoluto. Desea y exige una educación sujeta a su exclusiva tutela, a su exclusiva dirección y mandato. No desea una educación de calidad, liberadora para los ciudadanos, de espíritu crítico y científico... Desea en educación el poder que tuvo sobre ella en casi todo el siglo XX. Difícil por tanto pactar con la Conferencia Episcopal. Como también lo es con los propietarios de la enseñanza concertada que exigen todo, todos los derechos para ellos, sin, a cambio, responder a los deberes que emanan de una sociedad española compleja y plural.
Y si a esas dificultades añadimos la otra, la situación actual económica que impide una inversión fuerte, hasta llegar a un 7% del PIB, en estos próximos años, el cóctel está preparado para servírselo al Sr. Gabilondo, a pesar de reconocérsele sus buenas intenciones.
Y, sin embargo, un pacto en y por la Educación, es totalmente necesario y una obligación moral para las personas que de un modo u otro estamos implicados en el hacer educativo. Más aún, llega a ser un imperativo categórico el dejar en el camino las exigencias o los partidismos que lo hagan peligrar.
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